A VECES BASTA CON MIRAR UN ÁRBOL PARA SENTIR QUE TODO TIENE SENTIDO. Su calma, su manera de estar sin hacer ruido, nos reconcilia con el mundo. Tal vez por eso tantas tradiciones lo consideran un símbolo de equilibrio: raíces firmes, tronco sólido, ramas que se abren hacia la luz.
Gilles Deleuze y Félix Guattari, dos filósofos franceses, usaron el árbol de manera distinta y como símbolo de una forma de pensar llamada arborescencia: una estructura jerárquica, donde todo crece de abajo arriba. Una raíz da lugar a un tronco; el tronco, a ramas, y así sucesivamente. Es un pensamiento ordenado, lineal, previsible. Y, sin darnos cuenta, también vivimos así: acumulando.
Acumulamos estudios, cargos, experiencias, bienes, títulos. Cada rama representa un nivel más. Crecemos hacia arriba, sí, pero también cargamos…